Alvaro Figueroa Candia
Profesor de Religión
Licenciado en Educacion
Bachiller en ciencias religiosas.
Diplomado en Didactica e Innovacion Pedagogica
Alumno Magister en Ciencias de la Educacion
alvaroangelino@yahoo.com
Resumen.
La educación es una realidad humana fundamental que ha sido preocupación constante entre los gobiernos, los pueblos y los individuos en los últimos tiempos, pues se reconoce que ella es factor de desarrollo humano y progreso social; la Santa Iglesia Católica como Madre y Maestra a asumido un rol educador desde su principio, acogiendo el mandato anunciar el Evangelio de Jesucristo a todos los seres humanos para que alcancen la salvación, la Iglesia ha vivido un constante proceso educador que se ha presentado de forma tácita y expresa en las sociedades a través de los tiempos, el concepto de educación y la materialización de esta ha dependido de los diversos contextos socio-históricos en las que la iglesia se ha mantenido a través del tiempo y que se ha extendido por diferentes latitudes, a las que nuestro país no es ajeno.
Palabras claves: Educación, Educación Religiosa, Iglesia Católica, Concilio Vaticano II, Antropología.
Abstract.
Education is a fundamental human reality which has been ongoing concern among governments and individuals in recent times, since it recognizes that it is a factor of human development and social progress; Holy Catholic Church as Madre y Maestra to assumed a role educator since its beginning, accepting the mandate to announce the Gospel of Jesus Christ to all human beings to achieve salvation, the Church has undergone a constant process educator who has been presented so tacit and explicit in societies throughout the ages, concept of education and the realization of this has depended on various socio-historical contexts in which the church has been maintained over time and which has spread in different latitudes, to which our country is no stranger.
Key words: Education, Religious Education, Catholic Church, Vatican II, Anthropology.
Introducción
Por la década de los 60 Alberto Hurtado preguntaba directamente ¿Es Chile un país Católico? Esta es una profunda pregunta que sin duda alguna nos trastoca hasta nuestros tiempo, hace medio siglo, este Jesuita chileno cuestionó la conciencia moral de nuestro país al preguntarse por la efectiva religiosidad de nuestro pueblo. Según el Censo de población del año 2002, entre la población de 15 o más años, la religión católica es la predominante, según esta estadística el 70% de los chilenos se declara Católico[1], a partir de la opinión publica la Iglesia es reconocida en las encuestas por los chilenos como una de las instituciones más confiables y de mayor influencia en nuestro país. Las sociedades han cambiado sustantivamente en los últimos años, el desarrollo científico y tecnológico, la llamada crisis de los valores y el acelerado ritmo de vida de nuestras sociedades han repercutido fuertemente en la visión de hombre pues ya “se desvanece la concepción integral del ser humano, su relación con el mundo y con Dios”[2], lo que afecta principalmente en el hombre la conciencia de la dignidad humana[3], marca la característica de este último tiempo la apostasía que se ha generado en el mundo católico, esta es negar la Fe en Jesucristo recibida en el Bautismo[4], la Iglesia se ha mantenido firme y constante en su misión y se inserta en el mundo buscando por todos los rectos medios, llegar al ser humano e iluminar toda su vida, toda su realidad con la luz de Cristo, de tocar su cultura y su actuar diario con los valores del Cristianismo; si bien es cierto la Iglesia es seguidora del Dios encarnado no deja esta de reconocer que su misión es seguir e imitar al Cristo, y se inserta en la sociedad y todos sus ámbitos.
La educación es una realidad que urge a las sociedades actuales, por el progreso de los pueblos y el desarrollo humano; la Santa Iglesia Católica, como madre no hace más que guiar y acompañar al ser humano en atención a toda la realidad humana por el desarrollo de este como individuo y el progreso social se pronuncia sobre aquella realidad humana que es la educación pues reconoce que esta es decisiva en el desarrollo y el progreso social contemporáneo además la educación es un medio entre tantos de asumir aquella “ misión de la iglesia que es proclamar a todos el gozoso anuncio de la salvación, engendrar con el bautismo nuevas criaturas en Cristo y de educarlas para que vivan concientemente como Hijos de Dios[5]”.
Se hará un recorrido por la concepción antropológica hebrea, el concepto de educación, las características de esta, los métodos y función educadora de la Iglesia y los diversos documentos y reflexiones emanados de la Iglesia sobre esta realidad humana que es la educación, para llegar a la educación en Chile y la educación Católica.
I Antecedentes preliminares.
El ser humano por su dignidad intrínsicamente ligada a su calidad de imagen y semejanza de Dios ha sido llamado a perfeccionarse constantemente, ha sido llamado a construirse y hacerse ser en una constante búsqueda de su vocación y destino, sin duda, como lo declara la Iglesia “la razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la comunión con Dios, ya que el hombre es invitado al diálogo con Dios desde su nacimiento; pues no existe sino porque, creado por Dios por amor, es conservado siempre por amor; y no vive plenamente según la verdad si no reconoce libremente aquel amor y se entrega a su Creador[6]”
La educación, etimológicamente, tiene dos acepciones o sentidos distintos, por una parte puede entenderse a partir del termino latino Educare: que significa conducir, y que es entendida como una acción externa de influencia sobre otro, y Educere: que significa hacer salir, es extraer algo del hombre, por lo tanto se podría decir que es un proceso intencionado de integración, Desde esta mirada, la educación es un continuo perfeccionamiento integral del hombre, de todo el hombre, es todo su ser el que se realiza. Esta perfección, no consiste en una construcción del hombre acumulando distintos elementos yuxtapuestos, sino una construcción que une al hombre como un todo armónico, completo e integral.
Para complementar esta visión integral, armónica y completa de hombre nos acercaremos someramente a la visión antropológica hebrea que resulta iluminadora para conocer el concepto de hombre. Debemos, por tanto, remitirnos a los primeros capítulos del libro del Génesis. La primera palabra con que se define al hombre es con el nominativo de Adán, es decir, el nombre genérico de hombre (que incluye hombre-mujer, género humano); no obstante, esta misma palabra proviene del termino adamhá que significa tierra, barro, término que hace alusión precisamente al material del cual, según el mito de la creación, fue hecho el hombre, por cuanto el hombre es tomado de la tierra y formado completamente de ella, lo que le da su materialidad y lo liga a esta, además esta acompañado del Rúaj, que indica el aliento divino, entonces Yahvé Dios formo al hombre con polvo del suelo, e insuflo en sus narices aliento de vida, y resultó el hombre un ser viviente[7], ese aliento de vida no es el alma en términos constitutivos humanos, sino aliento de vida.
Así, pues, tenemos dos perspectivas para ver al hombre a partir de su origen que es doble: proviene de la tierra y proviene de Dios. Así llega el hombre a ser un ser viviente. Los semitas emplean el término Nephesh, que, si bien ha sido traducido por alma, para ellos significa el hombre integral, completo, puesto que no suelen hacer la división cuerpo-alma, sino que conciben al ser humano como una unidad indivisible. Para los semitas es fácil comprender que el hombre es, en una única unidad, alma (nephesh), carne (basar), espíritu (rúaj), cuerpo (guph), o sea, ser vivo, sujeto mundano, caduco y mortal, persona dotada de una chispa divina vital, constitutivamente relacionado con Dios, con los demás y con el mundo, respectivamente. Por tanto es fácil percibir las cuatro dimensiones del hombre, como un ser bio-psico-social-llamado a la trascendencia[8].
Delors (1996) plantea un principio fundamental: “la educación debe contribuir al desarrollo global de cada persona: cuerpo y mente, inteligencia, sensibilidad, sentido estético, responsabilidad individual, espiritual. Todos los seres humanos deben estar en condiciones, en particular gracias a la educación recibida en su juventud, de dotarse de un pensamiento autónomo y crítico y de elaborar un juicio propio, para determinar por sí mismos qué deben hacer en las diferentes circunstancias de la vida”[9] .
Se presenta una dicotomía complementaria en educación, a saber, por un extremo es un derecho fundamental y universal para todo ser humano e incluido en los Derechos Fundamentales de toda la Humanidad, pero por otro lado, también es un deber personal, familiar y social. La educación, ya sea formal e informal, se ejercita entre otras formas a través de la escolarización, de la preparación para una profesión u oficio, del descubrimiento de la propia vocación y de la formación permanente. Por medio de la educación el hombre adquiere cultura, o la cultura determinada de su pueblo, se reconoce a sí mismo y se hace útil para los demás.
Por educación habrá de entenderse aquella acción encaminada al desarrollo de los individuos como personas y para la integración en la sociedad, mediante la transmisión del patrimonio cultural de cada pueblo y de la humanidad[10]. La educación entre sus múltiples características debemos mencionar que ha de ser:
- Un proceso global e integrador de transmisión de conocimientos, de difusión de valores, de creación de actitudes y de ofrecimiento de sentido.
- Un proceso libre de alienaciones, de manipulaciones o de acaparamiento por parte de algún grupo social.
- Una tarea de toda la vida -aunque esté institucionalizada en torno a determinadas edades- según un proceso evolutivo, permanente y personalizador.
En Chile se reconoce “la educación como el proceso mediante el cual la comunidad transmite su cultura y las personas se forman y desarrollan sus capacidades para participar plenamente de la vida en común”[11] se caracteriza, esta, por una parte ser capaz de entregar valores, es decir función moral, y por otra el cultivo de capacidades, destrezas, conocimientos y habilidades, función práctica.
En estas aclaraciones antropológicas nos ilumina sobre las líneas que debe seguir la educación, ya que esta debe apuntar a un ser humano total, integral, llamado a la trascendencia, por tanto, la educación no debe desconocer esta realidad humana si quiere estar al servicio del hombre y su desarrollo social e individual.
II Educación e Iglesia.
La Iglesia y el pueblo de Dios propiamente tal desde su elección y fundamento ha cumplido con una constante labor y misión educadora, la Santa Iglesia Católica, es considerada Mater et Magíster, es decir Madre y Maestra, pues tiene la misión de mostrar y guiar por el camino de verdad y santidad a sus hijos, Jesús, centro y constitutivo de la vida Cristiana, dentro de su circulo más cercano era llamado maestro, no tan solo tenia esta consideración entre sus discípulos y seguidores, sino El es y se considera a si mismo “maestro” y así lo proclama: vosotros me llamáis el maestro y el Señor, y decís bien, porque lo Soy[12], incluso sus enemigos y perseguidores (los fariseos) lo reconocían como tal haciendo alusión a este termino[13], entonces en términos simples se desprende de esta aclaración que hay un Jesús maestro que tiene un mensaje o contenido que enseñar, donde cabe destacar que para Jesús la finalidad u objetivo de esta educación en particular no pretendía convencer, sino convertir[14] al Reino de Dios.
Jesús de Nazaret en el afán de cumplir su objetivo de dar a conocer que le tiempo se ha cumplido, que ha llegado el Reino de los Cielos[15], y de enseñar a los hombres este anuncio de salvación utiliza una forma propia y particular de comunicar un mensaje, con una didáctica que se caracteriza entre otros elementos por mantener un lenguaje claro por parte del expositor, con formas conocidas y determinadas para los oyentes, que tiene por finalidad anunciar que el tiempo de espera se ha cumplido y que el Reino de Dios ha llegado al Pueblo de Israel, esta forma discursiva de anuncio y proclamación era principalmente por medio de parábolas, que se caracterizan principalmente por ser un método de enseñanza pública, relacionadas con elementos propios del contexto próximo para una más fácil comprensión del mensaje que se quería entregar por parte de los oyentes y su posterior recordatorio. Sin ir más lejos, “la estrategia de enseñanza en parábolas presenta una respuesta al desafío de trasmitir mensajes que sean significativos y estables para los oyentes”[16]. En el evangelio de Marcos encontramos que Jesús “no les enseñaba nada sin parábolas”[17] y agrega que se las explicaba todas a sus discípulos, lo cual indica que ejercía una mediación verbal que facilitaba el acceso al núcleo cognitivo de las mismas[18].
“El llamamiento que hace Jesús, el Maestro, conlleva una gran novedad. En la antigüedad, los maestros invitaban a sus discípulos a vincularse con algo trascendente, y los maestros de la Ley les proponían la adhesión a la Ley de Moisés. Jesús invita a encontrarnos con Él y a que nos vinculemos estrechamente a Él, porque es la fuente de la vida (cf. Jn 15, 5-15) y sólo Él tiene palabras de vida eterna (cf. Jn 6, 68). En la convivencia cotidiana con Jesús y en la confrontación con los seguidores de otros maestros, los discípulos pronto descubren dos cosas del todo originales en la relación con Jesús. Por una parte, no fueron ellos los que escogieron a su maestro fue Cristo quien los eligió. De otra parte, ellos no fueron convocados para algo (purificarse, aprender la Ley), sino para Alguien, elegidos para vincularse íntimamente a su Persona (cf. Mc 1, 17; 2, 14). Jesús los eligió para “que estuvieran con Él y enviarlos a predicar” (Mc 3, 14), para que lo siguieran con la finalidad de “ser de Él” y formar parte “de los suyos” y participar de su misión. El discípulo experimenta que la vinculación íntima con Jesús en el grupo de los suyos es participación de la Vida salida de las entrañas del Padre, es formarse para asumir su mismo estilo de vida y sus mismas motivaciones (Lc 6, 40b), correr su misma suerte y hacerse cargo de su misión de hacer nuevas todas las cosas”[19].
Nuestra historia y sociedad ha sido acompañada constante y perennemente por la presencia de la Iglesia, que ha acogido el mandato divino de anunciar el Evangelio a toda la humanidad, a quienes debe alcanzar la salvación, “la misión de la iglesia es proclamar a todos el gozoso anuncio de la salvación, engendrar con el bautismo nuevas criaturas en Cristo y de educarlas para que vivan concientemente como Hijos de Dios”[20], la historia del hombre en definitiva ha sido la historia de la economía de la salvación, un Dios que con sus manos crea un ser humano, en el sentido no tan solo de crear sino también de criar, extendiendo el llamando y acceso universal a la salvación[21]; que progresivamente se reveló a su pueblo Elegido, Israel, que le enseño que El es su Dios, como debían adorarle y rendirle culto, así como también los oriento expresamente por intermedio de las tablas de la ley como debían vivir y convivir.
Desde sus comienzos la educación cristiana ha mantenido una estructura en torno a cuatro características fundamentales que apuntan a que esta se materialice y se comunique el mensaje propio de Jesús. En primer lugar, no es una creación humana, es propiamente “Palabra de Dios” mi doctrina no es mía -dice Jesús- sino del que me ha enviado[22]. De aquí la segunda característica, que esta doctrina es objetiva. En tercer lugar la doctrina cristiana es trascendente al hombre, fija e inmutable, se configura en definitiva como un “dogma”: la forman una serie de verdades que han de ser reverentemente recibidas y fielmente transmitidas, que no son discutibles y que no admiten cambio sustancial en su contenido. Finalmente, el último rasgo distintivo de la buena noticia que proclaman los cristianos es que desborda el plano “intelectual” y exige ser “vitalmente” incorporada[23].
La educación en la Iglesia desde el principio de los tiempos se fundamenta desde un núcleo, que se caracteriza por ser el punto de partida y llegada del quehacer pedagógico, a un mismo tiempo es una persona, un mensaje, maestro y contenido, este núcleo fundamental es el anuncio del evangelio que se materializa en el Verbo Encarnado. Que a la Iglesia se le ha conferido la misión de anunciar a todos los seres humanos este anuncio con fines soteriológicos. El mensaje requiere de una aceptación libre de parte del ser humano y un cambio en su forma de vida, es decir, no solo quedarse en la intelectualidad del mensaje, sino en el cambio de actitud, el mensaje se aprende para vivirlo, así al anunciar a todos los hombres el misterio de la salvación e instaurar todas las cosas en Cristo, le toca también una parte en el progreso y en la extensión de la educación[24].

Figura 1[25]
Históricamente la Santa Madre Iglesia y los sumos pontífices preocupados por el ser humano y su realidad total han ofrecido a la humanidad un amplio y fundamentado patrimonio de reflexiones y orientaciones pedagógicas y fundacionales en la tarea educativa a partir de su propia experiencias educadora y con la constante presencia del Espíritu Santo en su actuar, a mencionar: Declaración conciliar Gravissimum educationis momentum (1965), documentos de la Sagrada Congregación para la Educación Católica tales como: La Escuela católica (1977), El laico católico, testigo de la fe en la escuela (1982), Dimensión religiosa de la educación en la escuela católica (1988), la Constitución apostólica Ex corde Ecclesiae (1990) sobre las universidades, Presencia de la Iglesia en la universidad y en la cultura universitaria (1994). Con estos documentos se confirma la enorme importancia que la Iglesia concede a la promoción de la cultura, la formación de la persona, la investigación y el pensamiento científico, técnico y teórico, y la preparación para el testimonio de la fe. Y que sin duda evidencia su incesante labor por mostrar y enseñar el camino, la verdad y la vida[26] y guiar al pueblo de Dios a la salvación.
La Santa Iglesia debiendo atender toda la vida del hombre[27], y lo decisivo de la educación en el progreso de las sociedades contemporáneas se ha detenido a pensar en esta realidad humana y ha promulgado por medio del Santo Concilio Vaticano II la declaración Gravissimum Educationis Momentum, concordada con todos los obispos del mundo participantes en el Santo Concilio Ecuménico, siendo esta una exposición de algunos principios fundamentales sobre la educación cristiana[28], los educadores, la escuela, los padres, la educación moral y religiosa en las diversas clases de escuelas. Justificada ante todo “Porque los hombres, mucho más concientes de su propia dignidad y deber, desean participar activamente en la vida social y, sobre todo, en la economía y la política; los maravillosos progresos de la técnica y de la investigación científica (…) ofrecen a los hombres (…) oportunidad de acercarse con facilidad al patrimonio cultural (...) y de ayudarse mutuamente…”[29] así también sólo promuevan la renovación interna de la Iglesia, sino que sirvan y acrecienten su benéfica presencia en el mundo de hoy, sobre todo en el intelectual[30]. En la declaración existe una separación, no real, sino conceptual, entre la educación, llamémosle laica, y sus fines y la educación católica que está dentro de esta, con el fin de materializar el mandato divino de anunciar el evangelio y de permear la cultura de cada pueblo, respetando sus tradiciones, con los valores propios del evangelio de Jesucristo.
A lo largo de la historia la Iglesia acumula una fecunda y generosa experiencia en educación que se materializa concretamente como fundadora de escuelas y universidades por todo el mundo, como recopiladora de saberes, como portadora de grandes contribuciones al desarrollo del conocimiento científico, filosófico y teológico, como formadora de la juventud por medio de instituciones educativas y de congregaciones religiosas.
B) Concilio Vaticano II.
La Declaración sobre la Educación Cristiana de la Juventud, “Gravissimun Educationis Momentum”, promulgada el 28 de Octubre de 1965, por S.S. Pablo VI, terminado el Concilio Vaticano II, es esta una reflexión y orientación sobre la una de las realidades más importantes del hombre y la sociedad moderna, la Educación.
El documento hace una reflexión sobre la educación cristiana, los educadores, la escuela, los padres, la educación moral y religiosa en las diversas clases de escuelas. En su reflexión sobre la escuela, se destaca la importancia de ésta, la cual debe cuidar las facultades intelectuales, el desarrollo del recto juicio, el patrimonio de la cultura, la promoción de los valores, la preparación para la vida profesional, la comprensión entre todos los agentes educativos. Sobre los derechos que tienen los educandos, se menciona con singular importancia, la “estimulación a la recta conciencia de los valores morales y a prestarles su adhesión personal, y también a que se les estimule a conocer y amar a Dios”[31].
La Iglesia, en su función educadora, en el texto conciliar, se preocupa de que todos los medios puedan proporcionar al hombre la dignidad que le es propia y que él pueda buscar los medios para su santificación, la que debe partir en el núcleo familiar, pero también debe reflejarse en la educación formal la que debe ayudar al hombre a buscar la felicidad y conocer más a Dios.
C) Los católicos y la educación.
La conferencia episcopal Chilena, haciendo eco, del documento Gravisimum Educationis Momentum, estableció algunos criterios para la educación en Chile, expresados en el documento: “Los Católicos y la Educación” de 1967. Este documento eclesial, plantea que el hombre es un continuo caminante, un ser en vía de perfección, que se adelanta progresivamente de acuerdo a un cierto ritmo hacia la perfección que le está asegurada en virtud de sus mismas potencialidades.
La perfección personal y comunitaria, está ligada a la conquista de sí, la búsqueda de la libertad. La capacidad de encuentro consigo mismo. La apertura del hombre alcanza él más alto ejercicio en la relación con Dios, porque ha sido creado a imagen y semejanza de El, tiene la capacidad de conocerle y amarle.
A la educación incumbe preparar a la población para la vida social y comunitaria, permitiendo la integración de todos los grupos sociales en función de un desarrollo nacional equilibrado que signifique de hecho, mejores condiciones de vida para todos.
D) Principios Doctrinales de una Educación Cristiana.
La finalidad propia de la educación cristiana es la de ayudar a los hombres a llevar una vida según la verdad y en la caridad. Al despojarse del hombre viejo para revestirse del hombre nuevo creado por Dios en la justicia y santidad verdadera, significa esto, que la educación ha de alcanzar o buscar incesantemente en el regenerado por el bautismo la madurez del perfecto cristiano.
El hombre deberá ser por tanto:
· Solidario.
· Consciente de su vocación personal.
· Poseedor tanto de una especialización como de una formación cultural suficiente
· Capaz de una determinación realmente libre.
· Con sentido misional de justicia y servicio.
· Con una fe insertada en su realidad temporal.
En general, el nuevo tipo de hombre que el mundo y la Iglesia exigen hoy es aquel que, sobre la base de una naturaleza integrada, trabando los vínculos normales con el cosmos y la sociedad, desarrolle los valores éticos[32].
Es ésta mirada que la educación debe poseer las siguientes características:
· Educación para la libertad y la responsabilidad.
· Educación para el amor y el servicio, que destaque en el amor.
· Como consecuencia de lo anterior, una educación para la comunidad.
· Una cuidadosa formación de la sensibilidad, abriendo al educando a los valores afectivos y sensibles.
· Una adecuada formación de la inteligencia.
· Una adecuada orientación al aprecio del trabajo, la ciencia y la técnica.
· Una cuidadosa atención por las disposiciones individuales de cada educando.
· Una seria preocupación por la formación profesional.
La educación religiosa que pretende movilizar a los hombres y encaminarlo hacia las realidades sobrenaturales, debe fundamentarse en la familia, primera y fundamental educadora de la fe, de las prácticas religiosas y piadosas, así como también la educación e internación de los valores de la comunidad.
E) Dimensión Religiosa de la Educación en la Escuela Católica.
La Congregación para la Educación Católica, en abril de 1988, redactó un documento, en el que señala las características específicas de la escuela católica, entre las que se destacan: Una dimensión religiosa cristiana en el ambiente educativo, en el desarrollo de la personalidad juvenil, en la coordinación entre cultura y evangelio, de modo que todo sea iluminado por la fe.[33] Es Derecho y deber de escuela católica proclamar el evangelio y exponer los valores de la educación Cristiana. Exponer no equivale a imponer, ya que, esto supone violencia moral, que la Iglesia rechaza.
Dentro de las principales tareas de la educación católica está el ayudar a dar un significado a la vida, porque muchos jóvenes se refugian en otras realidades para huir de la soledad. Por lo cual, se hace imperioso que cada escuela, revise su proyecto educativo, para así, adecuarse a la realidad que le toca vivir al joven, siempre desde una mirada evangelizadora. “Podríamos tener escuelas irreprochables en el aspecto didáctico, pero que son defectuosas en su testimonio y en la exposición clara de los auténticos valores. En estos casos es evidente, desde el punto de vista pedagógico pastoral, la necesidad de revisar no sólo la metodología y los contenidos religiosos, sino también el proyecto global en el que se desarrolla todo el proceso educativo de los alumnos”[34]
Para la Iglesia, en la persona humana se inserta el modelo cristiano, inspirado en la persona de Cristo. Este modelo, acogiendo los esquemas de la educación, enriquece de dones, virtudes, valores y vocaciones de orden sobrenatural al educando y a la escuela. Con exactitud científica se habla de educación cristiana, cuando la orientación de la enseñanza pedagógica, conduce a los alumnos a educarse a sí mismos humana y cristianamente.
Con el aprendizaje de los contenidos de la ética cristiana, los conceptos como, Persona Humana, Justicia, Libertad, Paz mundial, Bienestar Nacional, adquieren un nuevo sentido, ya que los alumnos se enriquecen de principios y valores, los cuales harán más eficaces sus obras al servicio de la sociedad.
Bajo esta perspectiva, la educación se centra en un proceso que debe ir a la par de toda la realidad del hombre, debe fortalecer el aspecto científico, las capacidades cognitivas, las facultades operacionales, pero debe tener su fundamento en la realidad espiritual del hombre, en su vocación a la Santidad, en su deseo de perfección.
F) La escuela católica en el umbral del tercer milenio.
La Congregación para la Educación Católica entre los años 1997-1999 preparó un documento con motivo del Jubileo del 2000[35], en el se mencionan y reflexiona sobre los campos de la educación.
En los umbrales del tercer milenio, la educación y específicamente la escuela católica se enfrenta a nuevos desafíos producidos por las nuevas realidades socioculturales y políticas que vive el mundo. Especialmente enfrenta una crisis o transmutación de valores, en la que existe un “profundo pluralismo que impregna la conciencia social y da lugar a diversos comportamientos”[36].
La globalización y profundas innovaciones técnicas han repercutido en la vida del hombre, produciendo innumerables beneficios, pero también nuevos problemas. Frente a este panorama, la escuela, y especialmente la escuela católica, está llamada a “una renovación valiente”[37], en la cuál debe definirse de manera eficaz y convincente y de acuerdo a los nuevos tiempos.
En éste documento la Iglesia hace un llamado a la educación, ya que ella deber concebida para la persona y desde las personas. La fragmentación de la educación, la ambigüedad de los valores, tiende a encerrar a la escuela en productos técnicos y científicos.
La escuela católica tiene como referente a Cristo, por tanto se empeña en promover al hombre integral, conciente de que todos los valores humanos encuentran su plena realización y también su unidad en Cristo. Difícil es la tarea de la Iglesia frente a un mundo tecnológico y científico, pero se ha esmera en mostrar que la Fe y la Razón tienen puentes que conducen a un mismo fin.
La laboral educativa que tiene la Iglesia, en el presente milenio es mostrar un camino diferente, en el cuál los valores se pueden vivir, especialmente los valores religiosos y éticos y también buscar una promoción de los valores, para llegar a la realización y perfección del hombre, que le conduzcan a buscar su fin último, Dios.
La educación, finalmente, debe promover estudios y experiencias que estimulen la valoración de la dimensión religiosa de la persona y su apertura racional, afectiva y activa hacia la trascendencia. Más específicamente aún, procurar el desarrollo integral de la persona dentro de una comprensión de la condición material, espiritual y trascendente del ser humano, de un cultivo y conciencia de los valores morales y religiosos y del desarrollo de una fe que concite en las personas una sólida inclinación por buscar, conocer y amar a Dios.
III Concepción antropológica de la educación en la Iglesia.
Para entender de mejor manera la educación en la Iglesia resulta necesario develar la concepción antropológica que sustenta la educación desde la mirada de la Iglesia, por tanto, para realizarlo debemos, ir al libro del Génesis en sus primeros capítulos, de aquí podemos sacar las características que le dignifican al hombre, en su base Dios creó al hombre, “a imagen de Dios lo creó, hombre y mujer los creó”[38], a quien le da su influjo de vida; hombre que ha caído, pecado y ha sido expulsado del paraíso y del primer estado en el que se encontraba. Por el bautismo de Cristo, este hombre caído, tiene la posibilidad de ser una nueva criatura, un hombre nuevo en santidad, verdad y justicia, redimido en Cristo Jesús[39] como la visión antropológica hebrea que reconoce que el hombre es una estricta unidad psicosomática creado por Dios, con Jesucristo se da un paso más adelante ubicando al hombre caído en el camino de acceso a la salvación, lo que constituye la antropología cristiana, un hombre caído, pecador, que es redimido por el cuerpo y la sangre del Dios hecho hombre, crucificado y que ha vencido la muerte resucitando al tercer día para perdón de nuestros pecados.
De todas las criaturas visibles sólo el hombre es “capaz de conocer y amar a su Creador”[40]; “es la única creatura en la tierra a la que Dios ha amado por sí misma”[41]; “sólo él está llamado a participar, por el conocimiento y el amor, en la vida de Dios. Para este fin ha sido creado y ésta es la razón fundamental de su dignidad[42], dignidad que fundamenta la educación en este, independiente de su raza, sexo, condición y edad. El propósito es formar a la persona humana integra en orden a su fin último, permitiéndole aportar al bienestar y desarrollo de las sociedades, la búsqueda de la libertad y el desarrollo positivo y prudente de su sexualidad[43] y su integralidad.
El ser humano, como ser moral está llamado a la recta conciencia de los valores a los que puede adherirse personalmente, siendo estos, medios para el conocimiento más profundo de Dios. Todos los cristianos, en cuanto han sido regenerados en el agua y en el Espíritu Santo han sido constituidos nuevas criaturas, y se llaman, y son Hijos de Dios[44].
IV Concepción de educación y su fin.
A nivel mundial en los últimos años la Iglesia reconoce que existe una gran preocupación y se hacen grandes esfuerzos por parte de los países y un sin numero de instituciones no gubernamentales para llevar la educación a todos los hombres, reconociendo el influjo que esta ejerce en el progreso social contemporáneo[45], pero que aun presenta significativas deficiencias en relación al acceso, calidad y equidad de esta por parte de la población, principalmente aquellos sectores más vulnerables o de países de corta tradición independiente.
Una adecuada educación, como derecho inalienable a la dignidad humana, tiene como finalidad que el ser humano cultive a un tiempo la verdad y la caridad[46], que apunte esta a la consecución del bien común, el cultivo de las facultades intelectuales, la capacidad del recto juicio, la introducción al patrimonio cultural conquistado por las generaciones pasadas, los valores propios de esta, la preparación a la vida profesional, el fomento al trato amistoso y contribuir a la mutua comprensión[47]. Generar un individuo que permita que la sociedad este abierta a las relaciones fraternas a fin de fomentar en la tierra la verdadera unidad y la paz[48].Se necesita del aporte de las ciencias auxiliares y complementarias a la educación a fin de que todos los niños/as y jóvenes adquieran gradualmente un sentido más perfecto de la responsabilidad de la cultura ordenada y activa de la propia vida y la búsqueda de la verdadera libertad[49].
A) El Deber de la Educación.
Es deber y derecho de los padres educar a los hijos, primeramente en el hogar pues ellos son los primeros y principales educadores y que todo esfuerzo que ellos realicen debe favorecer la educación integra personal y social de los hijos, la familia requiere de la colaboración de toda la sociedad civil, en cuanto a ella pertenece disponer todo lo que se requiere para el bien común temporal, conforme al principio del deber subsidiario, es deber del Estado resguardar que los padres tengan libertad en la elección de las escuelas así como proteger y defender la libertad de los ciudadanos, atendiendo a la justicia distributiva[50] y la protección a una educación escolar conveniente, vigilando la capacidad de los maestros y la eficacia de los estudios[51].
También la Iglesia debe estar atenta a la educación del hombre, puesto que esta incide decisivamente en el desarrollo de los individuos y de las sociedades, este deber de la Iglesia se justifica no solo por el reconocimiento como sociedad humana capaz de educar, sino porque tiene el deber de anunciar a todos los hombres el camino a la salvación[52]. Por otra parte El Santo Concilio recomienda con interés que se promuevan universidades y facultades católicas convenientemente distribuidas en todas las partes de la tierra, de suerte, sin embargo, que no sobresalgan por su número, sino por el prestigio de la ciencia[53]
V Concepción didáctica
En la declaración Conciliar Gravissimum Educationis Momentum no hay referencia explicita a un concepto de didáctica, solo la menciona como disciplina que aporta a la educación y al normal desarrollo de la función educativa, el concepto didáctico se desprende de una serie de características de esta que subyacen en toda al extensión del texto conciliar.
Los elementos propios de la didáctica que se develan en la declaración apunta a que los/as niños/as deben ser instruidos con los medios necesarios y de manera oportuna[54], es decir, por una parte que concurran todos los elementos mínimos necesarios que aseguren la enseñanza y la otra ubicarse en contextos espacio temporales determinados, toda propuesta didáctica para que tenga validez debe ser hecha en función de momentos histórico-sociales específicos apuntando en todo su quehacer a la integralidad del ser humano y a su dignidad de Hijo de Dios.
El profesor, o quien desempeñe la función de educar en la escuela, debe hacerlo desde una profunda vocación para educar convenientemente a los/as niños/as y jóvenes, ante todo requiere de una preparación diligentísima y una facilidad constante para renovarse y adaptarse[55] perfeccionando con nuevas experiencias los métodos de instrucción que utilice en su quehacer pedagógico debiendo encontrar los métodos aptos de educación y de ordenación de los estudios a los contextos y las edades, atendiendo a las necesidades de los tiempos[56] y del progreso de la ciencia y el conocimiento, por otra parte esto apunta a la constante reflexión por parte del profesional de la educación para mejorar las prácticas pedagógicas, optimizar recursos y alcanzar objetivos claramente definidos en educación.
Las escuelas deben mantenerse en mutua y constante colaboración, unas a otras, como exigencia para el bien de todo el género humano. Así también de proveer de todos los medios para el normal desarrollo de la educación, la investigación científica, la culturización y la adopción de los valores de cada comunidad.
Desde la perspectiva de la escuela católica el Santo Concilio les recuerda a los maestros que de ellos depende llevar a efecto sus propósitos y sus principios. Los insta a que se esfuercen con exquisita diligencia en conseguir la ciencia profana y religiosa avalada por los títulos convenientes y procuren prepararse debidamente en el arte de educar conforme a los descubrimientos del tiempo que va evolucionando[57]. La finalidad es enseñar el mensaje de la salvación a todo el género humano para que este alcance la salvación, pero el enseñar este mensaje que tiene un objetivo claramente definido y operacionable, apunta a la aceptación y vivificación por parte del individuo que se le esta enseñando pero que vive su fe en comunidad, en otras palabras el que aprende el mensaje se convierte a la f en Cristo Resucitado y la Fe que ha sido depositada en la Iglesia.
El enseñar en torno a la fe supone ante todo un compromiso total del educador, que mantiene una recta actitud y vida, que es consecuente con el mensaje cristiano que vivencia los valores propios del cristianismo y se adhiere a la doctrina de la Iglesia, reconociendo que esta es madre y maestra y no dudando que la iglesia es canal de comunicación y de encuentro con la verdad
VI Iglesia y educación en Chile
La educación en Chile está amparada y ratificada como un derecho inalienable de la persona humana por la Constitución Política del Estado y los documentos de tipo internacional firmados por los gobernantes que adhieren a nuestro país al respeto y cumplimiento de los Derechos Humanos Fundamentales.
En el artículo 10, de la constitución política del Estado, se establece el derecho a la educación y se entiende que esta tiene por objeto el pleno desarrollo de la persona en las distintas etapas de su vida. Se reconoce, en el mismo artículo, el derecho y el deber que tienen los padres de educar a sus hijos. Por tanto corresponderá al Estado otorgar especial protección al ejercicio de este derecho. Le corresponderá, asimismo, fomentar el desarrollo de la educación en todos sus niveles; estimular la investigación científica y tecnológica, la creación artística y la protección e incremento del patrimonio cultural de la Nación.
En su artículo 11 el mismo texto constitucional siguiendo las líneas del derecho a la educación de los individuos reconoce y confiere la libertad de enseñanza que incluye el derecho de abrir, organizar y mantener establecimientos educacionales. La libertad de enseñanza no tiene otras limitaciones que las impuestas por la moral, las buenas costumbres, el orden público y la seguridad nacional. Teniendo los padres tienen el derecho a escoger el establecimiento de enseñanza para sus hijos.
Diversas instituciones relacionadas con la Iglesia, arzobispados, corporaciones e instituciones y congregaciones religiosas y eclesiales mantienen, administran y abren colegios que se declaran católicos, y son mayoritariamente de corte particular y particular subvencionado, según investigaciones hechas en Chile, en el país la Educación Católica, es considerada como una educación de calidad. Según un ranking es estudios se llegado a concluir que entre los 50 mejores colegios privados 23 son católicos y lo mismo ocurre con 18 de los 25 mejores particulares subvencionados[58]. Por otra parte, estudios comparativos sobre la efectividad de la educación privada subvencionada en Chile, demuestra que los colegios de Iglesia presentan niveles académicos más altos que los colegios no católicos (Edwards, V. 1995; McEwan, P. 2000; Passalacqua, A., 2004) y, constatan que esta efectividad también es alta en escuelas que trabajan en contextos de mayor vulnerabilidad social[59] (Anaya, M. 2000; Martinic, S. y M. Anaya, 2006).
Nuestro país regula la educación y las clases de educación de la fe o de las clases de religión Con la recuperación de la democracia (1990) y la Reforma Curricular (1996) la asignatura de Religión forma parte del Marco Curricular y en este sentido tiene un carácter obligatorio para los establecimientos, que debe ofrecerse; sin embargo, de forma optativa para el alumno y la familia que eligen libremente, salvo en los colegios confesionales, que fundamentan su proyecto educativo en la persona de Jesucristo y los valores cristianos. Sus objetivos y contenidos son formulados por las autoridades del credo correspondiente y presentados al Ministerio de Educación para su aprobación mediante un decreto, existiendo así en nuestro país alrededor de 18 programas de religión aprobados por el ministerio de educación.
Le siguen al derecho a la educación y el derecho de abrir y administrar establecimientos educacionales a la Iglesia denominándose la escuela católica La Ley Nº 19.638 del año 1999, conocida como de “Igualdad de Cultos”, que viene a reafirmar el respeto a los principios de igualdad ante la Ley y de libertad de conciencia, ya contemplados en nuestra Constitución para todos los habitantes de nuestro país. Nuestros establecimientos educacionales, deben respetar dichos principios también, así como el derecho de los padres a educar según las creencias de cada familia con pleno respeto a la diversidad. La posibilidad de recibir dos horas de clases de religión da a los alumnos(as) de nuestro país, la oportunidad de discutir y compartir junto a sus familias temas de implicancia valórica de acuerdo con su edad y etapa de desarrollo. Cabe recordar que los padres tienen el derecho también a eximir a sus hijos de las clases de religión u optar por una en particular. Para esto, es fundamental que se informen de lo que ofrece cada establecimiento educacional respecto a la formación religiosa y/o espiritual que imparte y también de la normativa legal que existe con relación al tema[60].
VII Conclusiones
La Iglesia a partir de los documentos conciliares y una serie de reflexiones, constituciones, exhortaciones y cartas pastorales nos ratifica su constante interés y preocupación por la educación y ante todo el desarrollo del género humano con la finalidad expresa de anunciar el evangelio y hacer participes a todos los seres humanos de la buena noticia del Resucitado. La educación por tanto resulta un medio que por su cobertura permite que llegue el mensaje evangélico a un gran número de personas, mas de lo que una parroquia pueda acompañar, permitiendo su conversión o el fortalecimiento de la fe de los creyentes y/o comunidades Cristianas, sumase también la sistematización de las practicas pedagógicas, y el método de trabajo lo que permite que el evangelio llegue de manera coherente e intencionada para producir efectos positivos, en este caso la internalización del mensaje evangélico.
Como enseñar este anuncio de salvación no está expresamente definido sin duda alguna el primer método es el de vivenciar los valores cristianos y las practicas litúrgicas y piadosas, para por una parte tener un conocimiento expreso y objetivo de Dios y por otra parte tener la experiencia subjetiva vivificante del misterio de Cristo y el amor de Dios en nuestras vidas. Se develan a partir de la lectura de los textos del magisterio ciertas características que están relacionadas con la enseñanza, estos elementos son principalmente: el aprendizaje y el contexto donde estos se dan; los elementos socio-históricos que le dan validez al trabajo pedagógico, los recursos empleados y la preparación de la instrucción por parte de la persona que cumple la función de educador en la escuela, debiendo este tener una formación integra, rigurosa y con una constante actualización correspondiente a los cambios sociales y científicos propios de la época para el desarrollo de la instrucción, debiendo ante todo apuntar a un desarrollo humano basado en la dignidad de cada una de las personas, en términos simples no solo a la entrega de contenidos, sino a formar a toda la persona. Sin desmedro que el enseñar el contenido de fe, el mensaje de salvación, debe conducir a la conversión a Cristo por parte de aquel a quien se le da a conocer el evangelio.
Si Dios se inserta en el mundo encarnándose y haciéndose todo humano, la Iglesia no debe sino preocuparse de toda la realidad que envuelve al genero humano, debe ser luz en las tinieblas y sal para la tierra, debe ser guía para acceder al camino la verdad y la vida, esta es al finalidad de la Iglesia mostrar, enseñar a todos el amor de Dios, para que conociéndole puedan convertirse y accedan a la salvación.
Bibliografía.
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Redondo, E. Laspalas, J. (1997). Historia de la Educación. I edad antigua. Editorial Dikinson. Madrid.
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Revistas especializadas:
Bravo, L (2002) La Pedagogía de las Parábolas. Una perspectiva psicológica. Teología y Vida, Vol. XLIII.
Martinic, S, Cultura escolar y escuela Católica, Conferencia dictada en el Primer Congreso de educación Católica.
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Web grafía:
Institución/Autor(es)
URL
Fecha
El escoliastico, página de publicación católica
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Montoya, J. Concepto de Hombre, Persona y Derechos Humanos.
http://www.monografias.com/trabajos7/perde/perde.shtml?monosearch
10/06/08
Alvaro Figueroa Candia.
Profesor de Religión.
Licenciado en Educación
Bachiller en Ciencias Religiosas
Diplomado en Didáctica e Innovación Pedagógica.
Alumno Magíster en Ciencias de la Educación UCSC.
http://profesor-de-religion.blogspot.com/
alvaroangelino@yahoo.com
[1] Síntesis de Resultados, Censo 2002, marzo de 2003, INE. Chile.
[2] Documento de Aparecida, N°40
[3] Hurtado, A. (1960), ¿Es Chile un País católico?, Pág. 50
[4] http://www.rae.es/
[5] Concilio Vaticano II. Declaración Gravissimum Educationis Momentum.
[6] Constitución Gaudium et Spes 19,1, Concilio Vaticano II. Editorial B.A.C, Madrid, 1988.
[7] Génesis 2, 7.
[8] Montoya, J. Concepto de Hombre, Persona y Derechos Humanos. www.monografias.com
[9] Delors, J (1996) , “La educación encierra un tesoro”, Editorial Correo de la UNESCO, México, pág. 100
[10] http://www.elescoliasta.org/moralsocial/moralsocial15.htm
[11]Brunner, J. (1995) “Los desafíos de la educación chilena frente al siglo XXI”. Ediciones MINEDUC, Santiago de Chile. Página 21.
[12] Jn 13,13.
[13] Mt 9,11; 22,24; 22,36.
[14] Bravo, L (2002) La Pedagogía de las Parábolas. Una perspectiva psicológica. Teología y Vida, Vol. XLIII, Pág. 509.
[15] Mt 3, 3.
[16]Ibid. Pág. 503
[17] Mc 4,33
[18] Bravo, L (2002) La Pedagogía de las Parábolas. Una perspectiva psicológica. Teología y Vida, Vol. XLIII, Pág. 509.
[19] Documento conclusivo de Aparecida, (2007) CELAM, Bogota, N° 131
[20] “Dimensión religiosa de la educación en la escuela católica”. Congregación para la Educación Católica. 7 de abril de 1988.
[21] Redondo, E. Laspalas, J. (1997). Historia de la Educación. I edad antigua. Editorial Dikinson. Madrid. Pag 577
[22] Jn 7, 16
[23] Redondo, E. Laspalas, J. (1997). Historia de la Educación. I edad antigua. Editorial Dikinson. Madrid. Pág. 581
[24] Concilio Vaticano II. Declaración Gravissimum Educationis Momentum.
[25] Redondo, E. Laspalas, J. (1997). Historia de la Educación. I edad antigua. Editorial Dikinson. Madrid.
[26] Juan 14, 6.
[27] Concilio Vaticano II. Declaración Gravissimum Educationis Momentum.
[28] Ibid.
[29] Concilio Vaticano II. Declaración Gravissimum Educationis Momentum.
[30] Ibid.
[31] Conferencia Episcopal de Chile, “Documentos Magisteriales de Educación”. Área Educación, Santiago, 2005. Página 8.
[32] Los católicos y la educación (1973) Conferencia episcopal de Chile,
[33] “Dimensión religiosa de la educación en la escuela católica”. Congregación para la Educación Católica. 7 de abril de 1988. Número 1.
[34] “Dimensión religiosa de la educación en la escuela católica”. Congregación para la Educación Católica. 7 de abril de 1988. Número 19
[35] Celebración de la Iglesia Católica a nivel mundial, por celebrarse los 2000 años del nacimiento de Cristo.
[36] Conferencia Episcopal de Chile, “Documentos Magisteriales de Educación”. Área Educación, Santiago, 2005. Página 129.
[37] Ibíd., Página 130.
[38] Gn 1, 27
[39] Redondo, E. Laspalas, J. (1997). Historia de la Educación. I edad antigua. Editorial Dikinson. Madrid. Pág. 576
[40] Concilio Vaticano II constitución Gaudium et Spes Nº 12,3
[41] Concilio Vaticano II constitución Gaudium et Spes Nº 24,3
[42] Catecismo de la Iglesia Católica N°356
[43] Concilio Vaticano II. Declaración Gravissimum Educationis Momentum N°1.
[44] Concilio Vaticano II. Declaración Gravissimum Educationis Momentum N°2.
[45] Concilio Vaticano II. Declaración Gravissimum Educationis Momentum.
[46] Concilio Vaticano II. Declaración Gravissimum Educationis Momentum N°1.
[47] Concilio Vaticano II. Declaración Gravissimum Educationis Momentum N°5.
[48] Concilio Vaticano II. Declaración Gravissimum Educationis Momentum N°3.
[49] Ibid.
[50] Concilio Vaticano II. Declaración Gravissimum Educationis Momentum N°3.
[51] Concilio Vaticano II. Declaración Gravissimum Educationis Momentum N°6.
[52] Concilio Vaticano II. Declaración Gravissimum Educationis Momentum N°3.
[53] Concilio Vaticano II. Declaración Gravissimum Educationis Momentum N°10.
[54] Concilio Vaticano II. Declaración Gravissimum Educationis Momentum N°1.
[55] Concilio Vaticano II. Declaración Gravissimum Educationis Momentum N°6.
[56] Ibid.
[57] Concilio Vaticano II. Declaración Gravissimum Educationis Momentum N°8.
[58] Ver datos en Revista del Sábado, El Mercurio, 29 abril 2006.
[59] Martinic, S, Cultura escolar y escuela Católica, Conferencia dictada en el Primer Congreso de educación Católica.
[60] http://www.mineduc.cl/
